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La tecnología al servicio del arte
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viernes 9 de enero de 2009
Apuntes para explicar un retrato (Álvaro Delgado)
1º La del retrato halagador que muestra una imagen ideal del retratado y en la que el artista o bien ofrece un aspecto altamente mejorado del modelo, o bien sirve la aspiración de éste creando una obra ideal según sus indicaciones -en las que pueden no faltar las referencias y los símbolos de la clase social a la que pertenece, o de su profesión, o de las hazañas políticas o militares que haya acometido, o de hechos de su vida que se entienden como excepcionales;
2º Aquella que llamaba el retrato ecléctico, que es frecuentemente en nuestra literatura desde el Lazarillo hasta Galdós, donde se fija una imagen sin distorsiones, se retrata el ambiente a que pertenece, sin interpretaciones subjetivas y sin exageraciones ideales; y
3º Aquella otra que, según palabras de Diderot en boca de Maurice Quentin de La Tour, ha dado lugar al llamado retrato psicológico: “Ellos creen que yo no tomo más que los rasgos de sus caras, pero yo desciendo al fondo de los mismo sin que lo sepan y los capto en su totalidad”...
Hoy añadiría una cuarta implícita en mi comentario anterior, pero creo que no suficientemente precisada: la que sacrifica la identificación formal del modelo al estilo, primando en ella la calidad artística sobre la referencia testimonial, como ocurre en el retrato de Ambroise Vollard pintado por Picasso en su época cubista.
Alguien hay que no encaja en todo esto. Es uno de los más grandes: Rembrandt. Retratista brillante desde los comienzos, lo que le hace tener muchos encargos, deja más tarde esta tarea a sus discípulos, aun cuando él los firme, para encararse consigo mismo frente al espejo, como Jacob se enfrenta con el Ángel, en busca de la identidad.[...] Y todo esto le lleva fatalmente a encararse con su propia imagen preguntándose: “¿quién?” y “¿por qué?”[...] Su originalidad es haber convertido una de las formas del retrato, el autorretrato, en un testimonio único del desamparo humano.
Ahora bien, un retrato, se haga como se haga, describe a una persona, y para que sea eso, retrato, tiene que asemejársele, pues de otro modo es una obra de arte mejor o peor, pero no es un retrato. Y por contra, no basta que la imagen esté fielmente descrita para que se convierta en arte. Es necesario las calidades que se exigen a otro tipo de tema para que nos parezca estimable como obra de creación. Y es precisamente el intento de sumar dos condiciones lo que hace del retrato un motivo más difícil que otros.
Álvaro Delgado.





